Indalecio Ojanguren. El gran cronista fotográfico de la pelota vasca.

Indalecio Ojanguren Arrillaga nació en Eibar el 15 de noviembre de 1887. Casi podría decirse que estaba predestinado a ser el gran fotógrafo de la pelota vasca, pues debe su nombre a su padrino, Indalecio Sarasqueta, el Txikito de Eibar, el más famoso y más completo pelotari de todos los tiempos, dominador absoluto de todas las modalidades (mano, cesta, guante y pala).

Indalecio Ojanguren, comenzó a trabajar con 16 años como “especialista en montajes de movimientos de disparadores de revólveres” en la G.A.C. (Garate, Anitua y Compañía), fundada en 1892 y dedicada inicialmente a la fabricación de armas, y más adelante conocida por la fabricación de bicicletas y motocicletas, como la popular Mobylette.

No está claro cómo aprendió el oficio, pero en 1908 publicó su primer trabajo en el diario ABC: la imagen de una inundación ocurrida en Eibar. Sería en 1914 cuando solicitó del Ayuntamiento la autorización para abrir su gabinete fotográfico.

Indalecio Ojanguren

Para entonces le habían diagnosticado una úlcera y el consejo médico fue «andar, andar y andar». De este modo se convirtió en unos de los pioneros del montañismo vasco, yendo siempre acompañado de su cámara, por lo que gracias a sus preciosas imágenes y su amor por la naturaleza logró extender la afición alpina por todo Euskal Herria. Su apodo fue el “Fotógrafo Águila”, así que queda todo dicho.

Y de forma paralela recorrió todos los costados de nuestra geografía plasmando panorámicas, pero también pueblos y gentes, iglesias y valles, caseríos y tipos populares, conformando así un legado histórico y etnográfico sin igual.

Y por supuesto retrató la pelota vasca, un tesoro de casi 300 imágenes que abarcan desde los inicios del siglo XX hasta la década de los sesenta. Un testimonio único de la evolución de la pelota que comprende a las grandes leyendas de la pelota y jugadores modestos, frontones y plazas, pueblos y ciudades, detalles y tomas generales.

Entre las muchas imágenes que pueden ver en el video editado destacan pelotaris de principios de siglo como Sustarra, Begoñés I, Cantabria o Zapaterito de Lekeitio. Asistimos al sucesivo relevo de los grandes campeones: Mondragonés, Atano III y Gallastegui. Observamos la aparición de Barberito, Soroa u Ogueta.

De manera particular resultan fascinantes las fotografías que atestiguan frontones a rebosar, el público subido a sillas o escaleras, pueblos enteros arracimados intentando ver a sus ídolos, sacerdotes oficiando el Ángelus. Hombres y mujeres que hoy se antojan de épocas pretéritas.

Y por último el paso del tiempo y su valor histórico puede apreciarse si observan con detalle la serie de imágenes tomadas en el frontón Kalegoen de Elgoibar durante las fiestas de san Bartolomé: en 1934 se aprecia la bandera tricolor republicana; en 1939 los franquistas son quienes imponen su simbología en la fachada del ayuntamiento; y para 1940, que la Falange ubicó su sede en el propio edificio consistorial, observamos con espanto los carteles fascistas de “Franco, Franco, Franco”.

Volviendo a la figura de Ojanguren, resulta interesante destacar que hoy en día la mayoría sacamos las fotos con nuestros livianos móviles, pero a Indalecio debemos imaginarlo portando un cajón de madera con su cámara «Ernemman», de 12 a 18 placas de vidrio, un trapo negro, un trípode de madera y el magnesio para iluminar.

Su capacidad de trabajo y su entusiasmo no tenían límites: colaboró con más de 20 diarios, sus fotos ilustran boletines locales, enciclopedias y prestigiosas publicaciones, acaparó infinidad de premios en concursos fotográficos, expuso por pueblos y capitales, recibió incontables homenajes y reconocimientos.

Muestra de su actividad infatigable les contaré mi anécdota favorita de su biografía: habían encargado a Toribio Noain, de El Pueblo Vasco, que llevara a cabo el “Álbum gráfico-descriptivo de Guipúzcoa. 1914-1915”. Se trataba de un proyecto de Rafael Picavea con más de 2.000 fotografías. Así que llamó a Ojanguren y le dijo: “Nos hemos acordado de usted. Si podría usted hacer algo…”. Su respuesta fue antológica:

– ¿Haser algo? Todo también…

En 1936, al comienzo de la guerra se trasladó con su familia a Gernika, realizó reportajes en los frentes, en particular del cinturón de hierro de Bilbao. Y con la llegada de la dictadura franquista tuvo que pagar una multa por ser del PNV para seguir trabajando como fotógrafo.

Su legado consta de más de 8.154 fotografías, que pueden consultarse on line en el Archivo General de Gipuzkoa, y también en el Ayuntamiento de Eibar y en la Koldo Mitxelena.

Fuente: Biografía de Indalecio Ojanguren de Jose Valderrey, 2004.

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